Cuando hablamos de empatía, solemos referirnos a la capacidad de ponernos en el lugar del otro y, en ocasiones, la gente percibe que las personas autistas son poco empáticas. ¿Es eso cierto?
Existen distintas formas y niveles de empatía, también en los niños y adolescentes con autismo. Las dificultades para mostrar empatía no siempre implican falta de sensibilidad o de interés por los demás. Comprender cómo viven los autistas las emociones propias y ajenas es clave para que se sientan aceptados y para ayudarlos a desarrollarse a nivel social y emocional.
Las personas en el espectro autista pueden experimentar empatía emocional (afectiva) y, en algunos casos, ser incluso hiperempáticas, aunque a menudo tienen dificultades con la empatía cognitiva, que es la capacidad de entender la perspectiva y las intenciones de los demás. Es muy frecuente que no interpreten bien las señales sociales como gestos, expresiones faciales o el sentido real de algunas conversaciones, que podrían tomar de forma muy literal.
Ese desajuste, a su vez, hace que las personas neurotípicas (no autistas) puedan malinterpretar lo que está sucediendo, ya que la falta de empatía cognitiva no implica falta de sentimientos, y todo ello puede hacer que ambas partes experimenten conflictos o frustración.
El mapa de la empatía
El mapa de la empatía, creado por Dave Gray para el entorno empresarial, también puede ser muy útil para ayudarnos a nosotros y a nuestros pequeños a entender mejor los sentimientos de los demás.

Entendamos mejor a las personas autistas
En esta primera parte, vamos a aplicar el mapa de la empatía para entender y acompañar mejor a las personas autistas, mientras que en una segunda parte veremos cómo trabajar la empatía con los niños autistas.
El mapa de la empatía explora qué ve, oye, piensa, siente, dice y hace una persona, y también sus frustraciones y necesidades. Vamos a poner algunos ejemplos de cómo pueden percibir y expresar la empatía los niños con autismo, y cómo los adultos (padres, docentes y terapeutas) pueden acompañarlos mejor.
Al ser éste un resumen muy simple, podéis utilizar el esquema para completar información sobre la base de vuestra experiencia real.
1. Qué ven y oyen: cómo perciben el mundo los niños autistas
Los niños con autismo suelen experimentar un entorno sensorial intenso: los ruidos, luces, movimientos y gestos pueden resultarles abrumadores. En ese contexto, captar y procesar las señales emocionales de otras personas puede ser un reto.
👉 Qué vemos: dificultades para interpretar expresiones faciales, tono de voz o lenguaje corporal.
👉 Qué oyen: mensajes sociales confusos o cambiantes («no te enfades», «no llores», «comprende a tu compañero») que a veces no saben cómo aplicar.
Esto no significa que no sientan empatía, sino que no siempre perciben las claves sociales que la desencadenan.
2. Qué piensan y sienten: empatía cognitiva y empatía emocional
La empatía tiene dos componentes:
- Empatía cognitiva: entender lo que otra persona siente o piensa.
- Empatía emocional: compartir o resonar con esa emoción.
Muchos niños autistas presentan una empatía emocional intacta o incluso muy intensa, pero pueden tener dificultades con la empatía cognitiva, es decir, con «leer» las intenciones o estados mentales de los demás.
A veces pueden parecer indiferentes, cuando en realidad no saben cómo expresar su preocupación o apoyo. También puede ocurrir lo contrario: que sientan demasiado y necesiten protegerse del exceso emocional.
3. Qué dicen y hacen: las formas de expresar empatía
Las muestras de empatía en los niños autistas pueden no parecer «típicas». En lugar de abrazar o consolar, pueden mostrar su afecto ofreciendo un objeto, recordando una información útil, o intentando resolver el problema de forma práctica.
Reconocer y valorar estas formas diferentes de empatía ayuda a fortalecer su autoestima y su conexión con los demás.
4. Qué les frustra y qué necesitan
Frustraciones frecuentes:
- No entender por qué los demás se enfadan o se entristecen.
- Que se malinterpreten sus intenciones (creyendo que no les importan los demás).
- Sentirse juzgados por su forma de relacionarse.
Qué necesitan
Lo más importante es que les escuchemos y preguntemos, ya que ellos mismos pueden darnos la clave. Además de eso, podemos utilizar algunos recursos para ayudarles a desarrollar la empatía y que ellos, a su vez, nos ayuden a empatizar con lo que están experimentando.
A veces, mostrar empatía hacia un niño autista consiste simplemente en estar a su lado en silencio para que se pueda autorregular o dejarle su espacio hasta que lo consiga. Muchos adultos autistas expresan hoy en día dicha necesidad de espacio, no siempre comprendida: poder estar en silencio hasta recobrar una mayor estabilidad al volver a casa después del trabajo o tras una situación estresante les ayuda a relacionarse con más paz, por lo que es un gesto de amor hacia sí mismos y hacia el otro.
Cómo trabajar la empatía con los niños autistas
Hay distintas herramientas que pueden ayudarnos a trabajar la empatía con los niños autistas
| Aspecto a desarrollar | Cómo trabajarlo |
| Reconocimiento emocional | Juegos de identificar expresiones, cuentos con emociones, uso de pictogramas o tarjetas. |
| Comprensión de perspectivas | Historias sociales («¿qué piensa cada personaje?»), dramatizaciones o uso de muñecos. |
| Expresión empática | Practicar formas variadas de mostrar apoyo: palabras, gestos, dibujos, acciones. |
| Autorregulación emocional | Técnicas de respiración, rincones tranquilos, rutinas que ayuden a volver a la calma. |
| Metacomunicación | Enseñar a hablar sobre las emociones: «cuando estoy triste, me ayuda que me escuchen». |

Tarjetas ilustradas para el desarrollo de la empatía
El mapa de la empatía y el modelo de ciclos de empatía se han utilizado en la obra «Desarrollo de la empatía» de Upbility. Se trata de un libro ideal tanto para niños con trastornos del espectro autista como para los que necesitan ayuda para tomar más conciencia de los sentimientos de los demás y aprender a ponerse en su lugar.
Si, como padre, profesor o terapeuta, estás buscando un material fácil de usar, que despierte el interés de los niños y les ayude a empatizar con los demás, no dudes en incorporar esta valiosa obra a tu biblioteca.
Sus 60 tarjetas ilustradas con ejercicios incluyen una foto en el anverso y 5 preguntas en el reverso, pensadas específicamente para que el niño pueda aprender a interpretar y mostrar un interés genuino por los sentimientos de los demás.
El enfoque progresivo y exhaustivo del libro se ve reforzado por una parte teórica en la que se presentan detalladamente los dos modelos de intervención mencionados (el Modelo de Ciclos de Empatía y el Mapa de Empatía), ambos creados para fomentar el pensamiento empático a través de una serie de pasos sencillos.
Conclusión y recomendación final
La empatía no está ausente en el autismo, aunque puede adoptar otras formas y requerir traducción y acompañamiento.
Cuando entendemos cómo perciben, sienten y expresan los niños autistas, podemos construir puentes reales hacia una comprensión recíproca. La clave está en mirar más allá de la conducta y centrarnos en la intención emocional.
Fomentar la empatía en niños con autismo no consiste en exigirles que «sean como los demás», sino en ayudarles a entender y comunicar las emociones a su manera, respetando su ritmo y su forma de sentir. Al mismo tiempo, esa misma empatía se debe desarrollar en el entorno del niño, ya sea con su familia como con sus profesores, compañeros de clase o de juegos.