Cuadro realizado por el artista Amewa basándose en la descripción que le dieron de mí: en bicicleta, en unas salinas, con flamencos y con la melena al aire

Carmen Cuervo-Arango – Traductora y socia de la editorial Upbility

Un interés especial por lo diferente

Desde muy pequeña, siempre me llamó la atención lo diferente.

Aún recuerdo la primera vez que oí a un niño hablando en un idioma extranjero. Me sorprendió saber que existían muchas lenguas y que alguien más pequeño podía entender y expresarse con palabras que para mí eran ininteligibles. ¡Me parecía que tenían que ser listísimos! 😊

Creo que ahí fue donde empezó mi interés por los idiomas, hasta llegar a trabajar como traductora.

Pero no sólo eran los idiomas. De niña observaba un mundo lleno de pautas, normas y expectativas que había que conocer y cumplir para encajar: en la familia, en el colegio, en la religión, en la calle… Primero había que conocer la existencia de esas líneas directrices, después entenderlas y, por último, integrarlas. El problema es que no siempre eran fáciles de aceptar, por no parecerme justas, correctas o deseables.

Y, sin embargo, encajar en esas pautas marcadas por cada entorno y cada cultura, parece ser fundamental para la integración del ser humano en su medio habitual.

En el patio del colegio observaba las dinámicas que se producían entre las niñas: las “mejores amigas” que se contaban sus secretos; los pequeños grupos de compañeras afines que organizaban juegos o reían juntas; las “divinas”, que se caracterizaban por un cuidado esmerado de su aspecto, su melena y su ropa como símbolo de status (admiradas de pequeñas y agrupadas de adolescentes); las matonas del patio, también en pandilla, que solían ser algo mayores y decidir quién podía seguir o no en los columpios; las influyentes, que, por algún motivo, tenían más peso en la toma de decisiones general, como a qué se jugaba, quién desempeñaría cada papel, quien participaría en los festivales de la canción o en las obras de teatro, a quién había que votar como delegada de curso… El resultado era nefasto cuando las influyentes eran las mismas que las del grupo de matonas.

También había algunas niñas que tendían a estar más solas por distintos motivos. Yo pensaba a menudo en este último grupo. ¿Qué dificultaba su integración? Normalmente, las diferencias: un físico que no respondiera a los “cánones aceptables”, pertenecer a una clase social diferente, carecer de habilidades sociales suficientes o incluso ser demasiado rebelde como para renunciar a la propia esencia con tal de encajar. En ocasiones pensaba que podrían unirse para crear su propia pandilla… aunque es posible que ellas mismas tampoco sintieran afinidad entre sí.

Estaba en primaria cuando observaba estas cosas y pensaba en lo importante que sería la presencia discreta de adultos en el patio, capaces de observar y de tomar iniciativas integradoras.

Cuando nacemos y en nuestros primeros años de vida, no discriminamos por la diferencia de peso, altura, raza, edad, nivel social, ideología, religión, habilidades, destrezas sociales, estado de salud… son aspectos que aprendemos a ver como positivos o negativos a medida que crecemos. La mirada hacia el otro (y hacia uno mismo) se forja en casa, en la calle, en el colegio… ¡Con qué cuidado deberíamos hablar a nuestros pequeños para que no acaben levantando muros frente a aquello que un día podrían ver como diferente!

Después del colegio, siempre he seguido observando con mucho interés a los que se han desmarcado – voluntaria o involuntariamente – de las pautas convencionales: personas con enfermedades mentales, vagabundos, individuos o comunidades que rompen con el sistema establecido y crean un modo de vivir y relacionarse (o no relacionarse) totalmente diferente o personas que no tienen facilidad para interactuar con los demás según “lo esperado”, como puede suceder con el autismo.

Por algún motivo, la enfermedad mental siempre ha captado poderosamente mi atención y, sobre todo, ir más allá de las apariencias para VER con mayúsculas la esencia de la persona con comportamientos que podrían resultarnos anómalos, aunque carezcan de peligro. ¿Por qué los seres humanos nos sentimos amenazados por lo diferente?

Durante una etapa que pasé en Bolzano (Alto Adigio/Tirol del Sur), tuve la suerte de trabajar como voluntaria del Centro de Salud Mental. A las meriendas, bailes y actividades que organizábamos acudían también varios vagabundos que había observado con interés por las calles y parques de la ciudad. Y ahí supe que nadie vive en la calle a largo plazo sin un problema de salud mental. Si pasas por un bache, buscarás una casa abandonada, un pequeño refugio, cualquier cosa que te permita sentirte a salvo, porque nos resultaría demasiado duro vivir tan expuestos a todo. También aprendí de los usuarios del centro que uno puede tener una vida totalmente normal y, de repente, experimentar algo que cambia tu mente de un día para otro. Muchos podían narrar ese momento exacto, otros habían acusado dificultades desde pequeños, y a varios se les había desencadenado el problema a raíz del consumo de alcohol o drogas.

Aprendí mucho de ellos, también a poner límites. Porque no, no siempre es fácil enfrentarte a lo diferente. Y, cuando has aprendido a ser demasiado amable y educada, y te encuentras en situaciones que te incomodan en exceso, hay que auto observarse y aprender a reaccionar. Para mí fue toda una experiencia de crecimiento.

Y, cómo no, también me ha interesado mucho la diversidad sexual y he podido ver en estas últimas décadas cómo ha ido cambiando la mirada de la gente hacia una integración cada vez mayor. La estigmatización que veía de la homosexualidad era brutal durante mi infancia y adolescencia. Por suerte, en nuestro país, ya se ha normalizado mucho la diversidad sexual, aunque siga habiendo ámbitos que requieren una labor más profunda en este sentido.

Obviamente, otro grupo de máximo interés para mí es el de las personas con trastornos del espectro autista (TEA), tan variadas, tan difíciles de definir por esa gran diversidad de rasgos que pueden presentar. Actualmente, por ejemplo, ya no se aconseja hablar de personas Asperger, sino de personas con autismo de grado 1. Para la mayoría, es difícil imaginar que el autismo engloba tanto a ese perfil que tiene cierta dificultad en la comunicación e interacción social y que pueden llegar a ser bastante monotemático (muchas veces sin diagnóstico siquiera) como a esas otras personas que muestran serias dificultades, no son verbales, que apenas interactúan con los demás y que ni siquiera podrían salir solas de casa. Pero actualmente el autismo aúna perfiles muy variados y se divide por grados (1, 2 y 3) en función del nivel de apoyo requerido.

Hoy en día es difícil que no haya en nuestra familia, en nuestro vecindario o entre nuestros conocidos y más allegados personas con TEA. De hecho, hay un clarísimo aumento de los casos de autismo… o la atención a este tema y los sistemas actuales permiten diagnosticar mucho mejor los casos existentes.

Entre mis seres queridos y cercanos, hay varias personas autistas. Al ser un tema que me toca de cerca, empecé a investigar y buscar respuestas para entenderles mejor. A veces podemos quedar perplejos ante determinados comportamientos. Saber que el cerebro de estas personas funciona de manera diferente nos puede ayudar a aceptar lo que sucede y ver, por ejemplo, que una actitud que nos puede parecer excesivamente directa o brusca según nuestras pautas es simplemente una forma distinta de funcionar, carente en absoluto de mala intención o incluso de conciencia de posible descortesía. El conocimiento de su condición también nos ayuda a evitar situaciones que les hagan salir de su zona de confort.

Justo en una época en la que estaba ahondando en el tema del autismo, en 2018, contactó conmigo Dimitris N., de Upbility, para proponerme participar como socia de la editorial y traducir al español su página Web y varios títulos de ayuda para niños autistas. Era una propuesta perfecta, ya que me permitía unir mi trabajo como traductora a un tema de máximo interés para mí, aportándome además conocimientos y herramientas para la integración de los pequeños.

Esa labor me ha llevado también a ser miembro de varios grupos de Facebook que abordan el tema del autismo de forma muy específica. Para mí, los más enriquecedores son aquellos en los que los niños y adultos autistas hablan de su experiencia, su visión y sus dificultades, defendiendo también su derecho a ser diferentes.

Contribuyamos a la integración de las personas con TEA desde niños… y aprendamos también a aceptar las diferencias y enriquecer el mundo con miradas que se salgan de los moldes establecidos. ¡Todos ganaremos con ello!

Carmen C-A de viaje en bicicleta con alforjas

Alas de neón y pared azul de Katemangostar, con libro de alasXvolar
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