La edad a la que se puede identificar el Trastorno del Espectro Autista (TEA) varía mucho en cada persona, dependiendo en gran medida de la intensidad de los signos y del acceso a profesionales especializados o al contacto con personas conocedoras de sus características, que pueden sospechar que un niño o adulto sea autista.
Muchas personas no son diagnosticadas hasta la adolescencia o incluso la vida adulta, sobre todo si tienen un buen nivel de lenguaje o altas capacidades, que puede enmascarar las dificultades sociales.
En este artículo nos vamos a centrar en características que pueden detectarse en la época infantil, hasta la finalización de la Educación Primaria (11-12 años en el sistema educativo español)
Vamos a dividirlo en 3 etapas distintas: de 0 a 2 años, de 2 a 4 años y desde los 5 hasta los 12 años.
Hasta los dos años (primeros indicios)
Algunos bebés muestran señales tempranas, como:
- Poca o nula respuesta cuando se les llama por su nombre.
- Escaso establecimiento de contacto visual o de sonrisa social.
- Retraso a la hora de balbucear o comunicarse con gestos (señalar cosas o personas, decir adiós con la mano, lanzar besos…).
- Juegos e intereses repetitivos o inusuales.
De todos modos, no todos los niños autistas muestran señales claras a esta edad.
De 2 a 4 años (diagnóstico temprano, de 18 meses a 3 años)
En la actualidad, lo más habitual es que el diagnóstico de autismo se realice entre los 2 y los 4 años. En esa etapa en que comienza el desarrollo del lenguaje y la socialización, es más fácil identificar si hay indicios de que nuestro hijo o hija tengan características distintas a las correspondientes a su edad. En la etapa del jardín de infancia, al que muchos niños asisten, pueden observarse diferencias con respecto a niños o niñas de su misma edad en relación con el lenguaje, el juego y la interacción social.
No todas las diferencias son un indicio de autismo, aunque sí podemos tener en cuenta las siguientes características en casa o en la escuela:
Lenguaje y comunicación
- Hay retraso en el habla, con ausencia de frases simples a los 2–3 años.
- Utiliza palabras de forma repetitiva o poco funcional (ecolalia).
- Tiene dificultades para señalar o pedir cosas de manera clara.
- En el jardín de infancia, no sigue consignas simples dadas por la maestra.
- No participa en canciones o juegos de imitación verbal.
- Puede repetir frases de dibujos animados sin utilizarlas para comunicarse.
Interacción social y juego
- Hace poco contacto visual.
- Prefiere jugar solo, mostrando poco interés por jugar con otros niños
- Juega de forma muy repetitiva con objetos (alinear animales o coches, girar ruedas, abrir y cerrar puertas…).
- Puede centrarse más en las partes de un juguete que en su conjunto (como las ruedas de los coches o los botones de un muñeco).
- No busca compartir intereses (como enseñar un juguete a sus padres o compañeros).
- Tiene dificultad para iniciar o mantener el juego simbólico (hacer de que que está dando de comer a un muñeco, que un coche está viajando por algún lugar imaginario…).
- No responde a intentos de interacción por parte de sus compañeros.
- Puede parecer que está “en su mundo”, con predilección por rutinas solitarias.
Conductas
- Puede tener rabietas intensas ante cambios de rutina o transiciones.
- Le cuesta adaptarse al cambio de actividad (dejar de jugar para ir a merendar, dejar de pintar para salir al patio…).
- Puede mostrar conductas repetitivas (por ejemplo, aplaudir, balancearse o correr en círculos).
Aspectos sensoriales
- Puede rechazar la textura de la ropa o de algunos alimentos.
- Podría reaccionar en exceso ante los ruidos (aspiradora, secador)
- Busca o genera sonidos repetitivos.
- Siente fascinación por luces, reflejos o movimientos repetitivos.
- Se tapa los oídos en situaciones ruidosas (canto, recreo…).
- Buscar estímulos sensoriales (oler objetos, mirar de cerca, balancearse mucho).
- Tendencia a ser especialmente selectivo con los alimentos.
Edad escolar (entre los 5 años a los 12 años)
En algunos niños, el trastorno del espectro autista se detecta más tarde. A veces, antes de llegar a un diagnóstico, se puede confundir con timidez, déficit de atención o problemas de conducta.
En la etapa que en España comprende la Educación Primaria (hasta los 11-12 años), los niños con TEA pueden mostrar nuevas características o dificultades que anteriormente no eran tan evidentes, coincidiendo con una mayor demanda académica, social y de comunicación.
Con respecto a la etapa previa del jardín de infancia, algunas características pueden hacerse más patentes en esta nueva etapa escolar.
Lenguaje y comunicación
- Dificultad para mantener conversaciones (tal vez respondan, aunque sin continuar el diálogo).
- Interpretación literal del lenguaje (es fácil que no entiendan las bromas, la ironía o los dobles sentidos).
- Uso del lenguaje muy formal, rígido o pedante para su edad.
- Falta de adaptación del lenguaje al contexto (hablarle al profesor igual que a un amigo).
Interacción social
Con respecto a la etapa anterior del jardín de infancia, pueden darse las siguientes situaciones:
- Se hacen más evidentes las dificultades para integrarse en juegos de grupo o dinámicas de equipo.
- Les cuesta comprender las normas sociales implícitas (como los turnos, bromas, pactos del juego).
- Pueden quedar al margen o ser víctimas de burlas porque no detectan señales sociales sutiles, debiéndose prestar especial atención al acoso escolar o bullying.
- Tienen dificultad para hacer amistades recíprocas y duraderas.
Conductas e intereses
- Se vuelven más evidentes los intereses restringidos: acumulación de información detallada sobre un tema (trenes, planetas, dinosaurios, videojuegos) y querer hablar únicamente de ese interés específico.
- Necesidad de rutinas en la organización escolar (molestia en caso de cambios en el orden de las asignaturas o en la disposición del aula).
- Estrés o ansiedad en excursiones o actividades poco estructuradas o no anticipadas.

Aspectos sensoriales
Con respecto a la etapa del jardín de infancia, en educación primaria se pueden agravara algunas características como:
- Dificultad para concentrarse en clase a causa de ruidos, luces o varios estímulos.
- Tendencia a querer evitar determinadas actividades (p. ej., la educación física – por el contacto físico, el ruido o cuestiones de coordinación motora).
- Mayor selectividad alimentaria.
Aprendizaje y funciones ejecutivas
Al aumentar las exigencias académicas, se pueden dar las siguientes características.
- Dificultad para organizar las tareas, planificar y seguir instrucciones que consten de varios pasos.
- Problemas para mantener la atención, en especial, si el tema de no es de su interés.
- Gran diferencia entre asignaturas: puede destacar mucho en sus áreas de su interés y tener un rendimiento muy bajo en otras.
- Rigidez para aceptar los errores o tolerar la frustración.
Si crees que tu hijo o hija, o alguno de tus alumnos, tiene varias de estas características, lo mejor es contactar con un especialista que establezca el diagnóstico. De esa forma, se pueden poner en marcha todos los recursos necesarios para acompañarle, aunque no solo: también para que su entorno (padres, compañeros, profesores…) aprenda a entender y aceptar la diversidad.